UPA ha estado con los agricultores y ganaderos de Castilla y León. Ayer martes 10 de marzo alzamos la voz en Exolum contra la usura y la vergonzosa actitud de quienes se aprovechan de una guerra para inflar los precios de los carburantes. Su comportamiento merece no sólo una reprobacion, sino actuaciones firmes y contundentes de las administraciones competentes. No vamos a parar en seguir denunciando sus vergonzosas estrategias para enriquecerse , y seguiremos en la calle defendiendo a los profesionales agrarios.
En unidad de acción, bloqueamos el centro logístico de hidrocarburos Exolum (CLH) de Santovenia de Pisuerga, en Valladolid, en protesta por la paralización del suministro de carburante agrícola y la amenaza de subidas especulativas de precios en un momento crítico para la actividad agraria de Castilla y León.

La crisis en Oriente Medio está provocando la acaparación de carburante por parte de las petroleras, que han frenado las entregas a la distribución, previsiblemente a la espera de aplicar desorbitadas subidas todavía no justificadas. Paralizar el suministro de gasóleo B significa paralizar el campo en un momento de máxima actividad, tras meses en los que las lluvias han impedido trabajar. La situación es, por tanto, crítica.
Las organizaciones profesionales agrarias denunciamos así los movimientos especulativos y coordinados de las compañías petroleras para no solo encarecer el combustible -del pasado viernes a hoy el litro de gasóleo agrícola ha pasado de 95 céntimos a 1,35 euros, un 42% más-, es que han bloqueado directamente el suministro a los distribuidores. Se dan así dos irregularidades, la primera que se sube de precio carburante que está almacenado y cuya importación no supuso mayor coste, y la segunda que se está frenando su entrada en el mercado, a la espera de aplicar incrementos todavía superiores sobre el precio final. El gasóleo que llegará estos días a los surtidores fue comprado cuando el barril estaba en otro precio. España, además, mantiene reservas estratégicas de petróleo equivalentes a más de 90 días de consumo, es decir, en estos momentos no existe desabastecimiento. Se trata de una situación especulativa sin precedentes, que se ceba especialmente con los agricultores, a sabiendas de su total dependencia del gasóleo en un momento de máxima actividad en el campo.